Decolonialismo

Decolonialismo

Por Carlos Rangel Cárdenas

La decolonialidad no niega los procesos de radical transformación de las estructuras existentes en un país con profundas asimetrías. La decolonialidad parte de reconocer cuáles son los dispositivos de cómo es que el actual modelo imperante en el  mundo se ha configurado como poder, que no es sólo un poder económico. Es también un capital político, social, cultural, intelectual. Un poder que para hacerse poder radicaliza y jerarquiza al mundo y las sociedades.

 

Si en el pasado las clasificaba como bárbaras y civilizadas, desde 1951 con el discurso de Truman las empezó a dividir en desarrollada y subdesarrolladas. Aquí estamos. Y como aquí estamos, ello quiere decir que el "blanco moderno" y quien además es heterosexual, letrado, cristiano y desarrollado, es el que dice e impone como es que deben ser los pueblos árabes, indígenas, negros, inmigrantes, exiliados-exiliadas y gitanos-gitanas. Y si esto opera así en la coordenada más primaria, en la coordenada del bloque de países que constituyen el 6% de la humanidad, los que dicen cómo es que deben ser los países africanos, latinoamericanos y asiáticos. Esto explica las políticas del BM y el FMI.

Todos los países deben acatar lo que les viene de dichos organismos, pues se les vende la idea que para ser desarrollados hay que seguir la estela de los del norte, aunque a los mal llamados desarrollados se les olvida decir que la gran mayoría fueron colonialistas e imperialistas -- y lo siguen siendo---, y también que ellos no aplicaron las políticas que ahora recomiendan. En los años 60 y 70 el proceso de descolonización se dio en la gran mayoría de los países de África. En las dos primeras décadas del siglo XIX gran parte de los países de América Latina habían logrado derrotar al colonialismo español. La derrota del colonialismo no implicó la muerte de la colonialidad. Es más, la colonialidad hizo de sustituto funcional del viejo colonialismo, pues las triunfantes élites mestizas endiosaban su mestizaje, de ahí que de México a Chile el indígena apenas existiera en el relato de la historia y ya no hablemos del negro, quien para el caso de Colombia no existía en nuestra historia. Un dato diciente: entre 1910 y 1990 algo más de 70 artículos se habían escrito sobre los negros. La única ley que en Colombia existía sobre los indígenas era la ley 89 de 1890, la cual seguía considerando  a los indígenas bárbaros. Para redimirlos de su barbarie el Estado encargó a la iglesia para que emprendiera una brutal operación de civilización que comprendía enseñanza de la religión católica, hacerles ciudadanos y enseñarles el castellano. El castellano se convirtió así en sinónimo de distinción y en patrón de civilización. Nada extraño, pues en Colombia la relación gramática y poder fue muy fuerte. Acordémonos que hubo un momento en la historia de Colombia que para ser presidente del país se requería ser un gran gramático. Varios poetas y literatos fueron presidentes. Y por esta vía se decía que los palenqueros debían aprender a hablar bien la lengua, pues hablaban mal la lengua del viejo conquistador y también de quienes le reemplazaron: los mestizos. Con el tiempo se ha llegado a conocer qua la lengua palenquera es una lengua criolla resultante de varias lenguas bantúes. La lengua palenquera surgió por esa amalgama de lenguas y por la necesidad que tenían los negros pertenecientes a muchos pueblos africanos de tener una lengua común. Incluso, no sobra decir que, en la lengua palenquera hay importantes palabras de origen suajili, es decir, la lengua que se habla en la vertiente oriental de África.
A propósito Bolívar exaltaba el mestizaje. Y es más, decía que América no era ni india ni negra, que era mestiza, lo cual era una negación de la diferencia. Subrayar el mestizaje puede constituirse en un estado de negación de la otredad. Yo desde luego no quiero un socialismo que niegue la diferencia. Todo socialismo reduccionista está de entrada condenado. Dicho esto, el modelo de sociedad mestiza que nos vendieron los próceres y el mestizaje que propuso la izquierda en su día era abiertamente negante de la diferencia. Si uno revisa los orígenes de la ANUC encuentra una explicación muy fácil al hecho de por qué los indígenas decidieron romper con el movimiento campesino y con la izquierda. Incluso ya antes lo había hecho Quintín Lame, sobre todo cuando Eutiquio Timoté y Gonzalo Sánchez decidieron como indígenas abrazar al partido comunista y más exactamente las tesis campesinas del partido. Ya por entonces Lame veía que las ideas marxistas no daban espacio al pensamiento indígena. Lame, desde luego, inscribía su accionar político en la lógica que se respetara la diferencia que la población indígena representaba. Timoté, recuerdo, fue candidato a la Presidencia por el Partido Comunista en 1934.
La decolonialidad, tiene que ver con esto y no es un liftin. Tampoco niega los procesos revolucionarios. Se ubica sí en plantear qué elementos se configuran como poder hoy y cómo es que hay que confrontarlo en una lógica en la que distintas lógicas transformadoras actúen en tiempo y lugar. No hay una lógica única y coherente. El gran problema que tuvo y ha tenido el marxismo es que en sus aplicaciones prácticas ha sido epistemicida. No olvidemos que el marxismo comparte una experiencia racional y es hijo de la modernidad. Efectivamente, nosotros nos ubicamos en la perspectiva de una modernidad, en donde por supuesto el marxismo es una y no la única forma de leer los procesos sociales. En un proceso de transformación y cambio se puede ser revolucionario y no se tiene porque pensar que la diferencia debe desaparecer. Es más, hoy los indígenas desean ser modernos pero también diferente como lo sugiere Calderón. O dicho en otros términos siguiendo al mismo Calderón: los indígenas desean ser parte de la modernidad sin dejar de ser indígenas.
El tema de la diferencia en el marco de una estructura social determinada es asunto de laboratorio. Ello tiene que ver con el tipo de socialismo que queremos construir y el tipo de revolución que impulsamos. Esta discusión no hace parte del pasado. Uno de los grandes tropiezos que tuvieron los sandinistas fue el torpe trato que le dieron al asunto de los misquitos y también al tema de los garífunas, situación que terminaría aprovechando la CIA. El sandinismo se habría evitado problemas si hubiera enfrentado esta situación sin el marxismo rígido. De hecho, los sandinistas tenían gente para plantear la situación en otros términos. Finalmente, terminaron entendiendo que la cuestión era aceptar las diversas posturas frente a la vida, la sociedad.

Los desafíos de una transformación social radical en Colombia y en América pasa por entender esto. Otro dato. El viejo Marulanda cuando se refería a los territorios indígenas hablaba de tierras baldías. ¿Cómo podían ser tierras baldías el Amazona si allí en los últimos 14 mil años vivían las poblaciones indígenas? Y lo mismo acontece con las zonas del Pacífico. Esta zona fue considerada por el Estado como zona baldía cuando los negros han estado en esa región hace cinco siglos. Al juzgar lo dicho por Marulanda y el Estado, los moradores de esas tierras eran pueblos sin historia. Con esto quiero decir que el tema no es de poca monta. Si la izquierda no presta atención a esto tendrá problemas. De hecho los problemas que tiene la FARC en el Cauca con los Nasa, tiene que ver con el hecho de que actúan más como guerrilleros y menos como antropólogos. Y digo esto porque no hay ninguna organización guerrillera en América Latina que haya tenido más antropólogos en sus filas que dicha organización. Este es un buen ejemplo de cómo esta discusión no es de laboratorio. Es propio de nuestra cotidianidad y es una urgencia abordarla en aras de sumar y no restar.

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